Crisis climática y administración regional

Por Fran Baeza Proyecto Comentarios desactivados en Crisis climática y administración regional


Paradojas y absurdos de la burocratización y mediación estatal de las relaciones basadas en la confianza: El gobierno regional, a través de su «consejería de economía, empresas y empleo», obliga (en cumplimiento del decreto 88/2018) a un proyecto ecosocial como el nuestro a instalar nada menos que seis máquinas de aire acondicionado, a sabiendas de las características arquitectónicas de la casa y de la favorable casuística climática de la zona y del emplazamiento.


Cuando decidimos dar de alta el alojamiento por cauces legales, sabíamos que, además de nuestras propias contradicciones, enfrentaríamos todo tipo de laberintos burocráticos e incomprensibles deudas con la administración. Queríamos un espacio de encuentro basado en la confianza, no en el papel y la moneda, pero aun así decidimos asumir sus términos sabiendo que la explotación económica de La Casa era un medio no duraría para siempre.

Sin embargo, la sorpresa se acrecienta conforme va pasando el tiempo, pues la Administración nos obliga ahora, en contra de dicha instalación de aires acondicionados, a presentar un recurso de alzada contra la resolución de la citada consejería. Esto está motivado, como siempre, para defender una manera de vivir de acuerdo a las lógicas urbanísticas y climáticas de la zona, preservando el medioambiente y promulgando la única manera posible de vivir para los tiempos de emergencia climática que se nos vienen encima; esto es, aquélla que se apoya en una austeridad deseada y felizmente incómoda para los intereses del mercado.

Nunca hemos recibido un euro del Estado, ni lo hemos pedido. Aun así, en penitencia por el pecado de haber nacido bajo su jurisdicción, nos someten a los despropósitos que dictan «desde Toledo». Seguiremos jugando con «sus» papeles para luchar contra sus inasumibles imposiciones.

Como decía el maestro Don Roberto en «Amanece, que no es poco»: «Y después de todo esto, os diré qué pretenden -¡ja!, ¡reíros conmigo, oh, niñxs!-, que la suya es una ocupación pacífica del pueblo. ¿Qué mayor violencia que la que se ejerce contra el espíritu?»


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